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Culo veo... ¡culo quiero!

El Intermedio

El Intermedio

 

El Gran Wyoming y sus guionistas preparando un programa cualquiera de "El Intermedio":


-Ya tengo las últimas noticias, Wyoming.
-Bien, ¿qué hay de nuevo?
-Suben la electricidad un 31%, la Audiencia Nacional paraliza la exhumación de fosas que pretendía Garzón, Sarkozy cede una silla a España para la cumbre del G-20, aunque hay que esperar el visto bueno de Bush...
-Bien. Preparad chistes ingeniosos culpando a Rajoy de la subida de la luz...
-¿Ingeniosos?
-Si, como siempre. Si no tienen gracia, yo los grito mirando al público con esa carita de picarón que sólo yo se poner, y ya se reiran. Es fácil, me adoran. Incluye también algo sobre que los curritos de a pie no podremos pagar tantos abusos provocados por la burbuja inmobiliaria iniciada por la nefasta gestión del gobierno del PP.
-¿"No podremos pagar tantos abusos"? ¿En primera persona?
-Joder tío... ¡pareces gilipollas! Pues claroooo... ¿Es que yo no soy un currito?
-Claro Wyoming, si... ¿Qué más?
Para lo de los muertos del Garzón, preparad una intriga que relacione el asunto con las protestas de la iglesia al respecto, pero cortita, que me atraganto cuando digo más de dos frases seguidas... ¡o mejor aún!, que la Montañiz me interrumpa un par de veces para que pueda coger aire.
Lo de la cumbre, como siempre, chiste obsceno sobre la relación entre Aznar con Bush, Beatriz hace como que se ruboriza, y luego añadimos alguna frasecita ensalzando el buen talante de ZP.

-Nos falta programa Wyoming, con eso no llenamos.
-¿Incluiste las payasadas de Africa, la entrevista de Usun,...?
-Sí, también he contado con el tiempo que pierdes en las presentaciones, acosando sexualmente a Thais, la sección de Lara...
-¡Thais!, joder se me olvidó. Manda a Thais a preguntar gilipolleces por la calle. Que pregunte a la gente si les ha cambiado la vida con la crisis. Quiero que los televidentes vean que la situación económica la han provocado las clases conservadoras para putearnos a los pobrecitos trabajadores, mientras ellos siguen viviendo a toda mecha.
Luego hacéis una buena criba entre las respuestas. ¡Quiero que los currantes den verdadera pena...! A ver si conseguís que alguno reconozca que saca la ropa de los contenedores.

Los del barrio rico deben de ser escogidos entre los más pedantes y repelentes, y si hablan de lo bien que se estaba con Franco ¡mejor! ¡¡Que se les tire de la lengua!!. Que se pregunte sobre todo a cincuentonas con joyas y ostentosos abrigos de pieles, que no pierda el tiempo con yuppies, agentes de bolsa o contructores.
-¿Dónde la llevamos?
-¡¿Pues dónde va a ser?! A un barrio de adinerados, al mío por ejemplo, y a uno de muertos de hambre... ¿dónde vive el negrito que está barriendo el backstage?
-Pues creo que en...
-¡¡Allí, mándala allí!!

-Bien... alargando un poco lo de Thais Villas, ya tenemos casi completo el programa, incluso podríamos hacer varias entregas con encuestas parecidas, para rellenar los huecos de mañana o pasado.
-¡Cojonudo! Si cuando te contraté sabía que funcionarías aún cobrando una mierda. Y hablando de mierda... ¡se nos ha olvidado lo de "lo que España vota, va a misa"!
-¡Bah!, eso es lo más fácil. Tengo un par de propuestas que se me han ocurrido mientras me tomaba el café.
-A ver...
-El tema de la subida de la factura de la luz, qué solución sería la mejor: a) Que la pague Aznar, o b) Que la pague la Casa Real.
-¡Genial! ¡La hostia! ¡Me encanta!
-Falta el otro...
-..no creo que pueda ser mejor, pero cuenta.
-Con el tema del Garzón, podemos proponer que a éste paso, acabarán sustituyendo la Cruz del Valle de los Caídos por otro tipo de escultura: a) Una pata de paloma (el símbolo de la paz), o b) un ZP sodomizando al Caudillo.
-¡¡¡SÍIII!!!, ¡¡¡SÍIIII!!!, ¡¡¡Eres la hostia!!!, ¡¡Te quiero!!. Te aumento un 1,5 € el sueldo del mes... ¡te lo has ganado! ¡Otro programa solucionado!

 

(Lo escrito anteriormente es pura ficción, los nombres han sido escogidos al azar, cualquier parecido con la realidad es una simple coincidencia)

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Que descanses, tía.

Llevo un par de meses sin pasarme por aquí, aunque no por falta de ganas, sino más bien por escasez de tiempo y acumulación de acontecimientos poco gratos. En pocas palabras: tengo demasiado trabajo (dinero no, por desgracia), he tenido a mi Inma enfermita, y lo peor de todo, la hermana de mi padre nos dejó hace un par de semanas.

Si cuento que mi tía ha fallecido a los ochenta y dos, acompañada por sus hijos, sobrinos, hermano, esposo y demás seres queridos, todo el mundo puede pensar que le gustaría terminar sus días de igual manera. Como se suele decir, "ha muerto de vieja".
Pero todo ocurrió de una forma un poco más triste y dolorosa. A mi tía se le diagnostica un cancer, y una vez en la mesa de operaciones los médicos descubren que ya esta muy extendido y que no hay solución, con lo cual lo único que se puede hacer es coser, sedarla y esperar su muerte.
 
A sus hijos los suelo ver muy a menudo, y aunque me habían comentado hace unos meses que estaba algo pachucha, no tuve el detalle de acercarme a su casa para interesarme por su salud y de paso, presentarle a mi niña. Era una mujer fuerte y daba por hecho que eran los típicos achaques propios de la edad.
Son cosas que vas dejando para luego y resulta que se ha ido al otro mundo sin conocer a su nueva sobrina-nieta por mi dejadez, y porque cuando nos hemos dado cuenta de que no había tiempo, la baby tenía un gripazo del quince.

Tres semanas duró. Veintiún días en los que en ningún momento ha estado sola.
Lo jodido del asunto es la decisión que alguien (no importa quién) tomó por ella: lo mejor era que pensara que la operación había sido un éxito y que en unos días volvería a casa.
Esto está muy bien cuando el enfermo está insconciente, nadie va a visitarlo o es simplemente gilipollas. Estaba claro que era cuestión de tiempo que se diera cuenta. No se puede tener a toda la familia alrededor con lágrimas en los ojos, y creerte que pronto te recuperarás.

-Pepito, ¿cómo es que está tu padre tan tristón, cuando viene a verme? -el pobre comprendía que iba a enterrar a su tercera y última hermana.
-Bah tía, ya sabes lo poco que le gustan los hospitales, y como él no se cuida mucho, pensará que le queda poco para ocupar tu cama...

Y mi tía que es tonta, va y se lo cree.

Su marido (un tío cojonudo, como ella) cabreado continuamente; sus hijas con los ojos húmedos e hinchados y caras de desenterradas; su hijo haciéndose 400 km todos los días (vive y trabaja en Madrid) para acompañarla; y sobre todo, los típicos conocidos que sacan conversaciones sobre amigos que han muerto devorados por el cancer. La gente así merece un capítulo aparte. ¿No hay ninguna norma que permita repartir collejas a los bocazas de hospital? Se supone que los enfermos reciben visitas para sentirse mejor y que se haga más llevadera su enfermedad, pero siempre tiene que llegar algún capullo/a (aquí si que existe la igualdad) que disfruta dándoselas de listo experimentado en enfermedades terminales...
Estaba claro que mi tía sabía que no le quedaba mucho tiempo en este mundo, y aún así, ha mantenido la calma y el buen humor hasta el último momento.

Que descanse en paz.

.................................

Nuestra hija no respiraba como Darth Vader ese día, tosía un poco, pero al menos no lo suficiente como para vomitar la comida, y la noche anterior, no se despertó más de tres veces, con lo cual, mi cónyuge y yo nos levantamos sin la sensación de haber estado de juerga toda la noche. Así que, la llevamos a la guardería para poder acudir a la misa en honor de mi tía.

No encajo muy bien en esos actos. Todo el mundo sabe el profundo respeto que siento por la religión católica. Por tradición, por los principios fundamentales que defiende (o que debería defender)... pero el circo que la rodea me repatea bastante los huevos.

Te sientas en un banco, con tu mujer, y siempre llega alguna beata a decirte que los hombres a un lado y las mujeres al otro. Vamos a ver, el cura no me ha dicho nada, ni ha puesto mala cara. Sin embargo a tí, te está fulminando con la mirada por interrumpir el sermón.

Otra feligresa me pasa el cartoncito de los himnos, señalándome la estrofa por la que vamos. Mi padre, hermanos y primos están ahí, aguantando el tipo entre lágrimas y ésta anormal quiere que me ponga a cantar... cuando quiera cantar, ya me buscaré la vida, ¡tía plasta!

Ahora viene lo "de darnos la paz"... Esta es la parte que más me incomoda. Siempre, por iniciativa propia, estrecho la mano de los que tengo a uno y otro lado, los más próximos, pero por una razón que desconozco, nunca faltan dos o tres entusiastas poseidos por la paz, que te llaman con golpecitos en la espalda o te chistan, para que les des la mano apresuradamente mientras te escupen lo de "la paz sea contigo", y se recorren media iglesia con su mano extendida, cuando el cura hace rato ya que empezó a recitar el "padre nuestro".

Al final canté y todo. El nuevo párroco ha adoptado himnos nuevos y para terminar el acto, tuvo a bien arrancarse con "La muerte no es el final" que, aunque tengo entendido que es de orígen eclesiástico, se utiliza en el ejército para homenajear a los caídos, . Al oir las primeras palabras, no pude evitar arrancarme... ¡me tiré dos meses seguidos ensayándolo!
¿Dónde coño está la bruja del cartoncito de los himnos? ¡Se ve a enterar de lo que es entonar!

Luego, el pésame. Mucha gente. Muchos conocidos... y nuevamente las gilipolleces del siglo pasado.
Los que quieren dar el pésame a hombres y mujeres (me cambié de asiento, no apareciera la beata otra vez), tienen que hacer cola dos veces, realizando un caprichoso recorrido por la iglesia para subir hasta el primer banco por el lado derecho del templo, volver al principio de la otra cola por el centro de la Iglesia, y subir nuevamente hasta el primer banco por el lado izquierdo.
Creo que hasta los curas verían con buenos ojos que se pasara por delante de ambos bancos de una vez, en lugar de tener que presenciar ese contínuo ajetreo de personas cruzándose por el pasillo central, mientras los más jóvenes adelantan a los mayores haciendo quiebros y esquivando parroquianos de forma apresurada.
Un acto de éste tipo pierde la solemnidad con cuatro detalles estúpidos que no cuesta nada solucionar, pero en fín, seguramente eso acabaría por ofender a los que visitan la iglesia con más asiduidad que yo.

Deberían intentar atraer gente nueva a las iglesias actualizando las costumbres a los tiempos de hoy, y esforzándose para que una misa no sea un coñazo lleno de anticuadas reglas.

Al funeral fuimos los más allegados. No hubo flores. Mi tía siempre dijo que no quería flores en su entierro, que no las iba a poder disfrutar. Sólamente un par de coronas de amigos de la familia.

Todos hemos visto entierros en las pelis americanas: montones de coronas; una tumba sobre un montículo centrado en un verde prado rodeado de árboles; el ataud bajando suavemente como por arte de magia; unas palabras del pastor (allí los curas son pastores, será porque los americanos son más borregos); los familiares arrojando un puñado de tierra sobre el ataud. Todo tan solemne, tan ensayado...

Pero ésto es España. Los empleados del cementerio bajan el féretro como buenamente pueden: pisotean las lápidas de los lados; le dan pataditas al ataud con sus sucias botas para cuadrarlo en el hueco cada vez que se les encaja....

Después de colocar las losetas y pringar de yeso el ataud, las flores, y la cruz de granito que adorna el túmulo, nos dijeron que habían terminado y que luego vendría una grúa para colocar la lápida en su sitio. Pero mi hermano y yo nos miramos con complicidad: la lápida descansaba elevada en el suelo de cemento, calzada sobre unos cilindros metálicos al mismo nivel que el borde de la fosa y,  no había grua conocida capaz de circular entre las estrechas hileras de sepulturas. Era evidente que las patadas y golpes necesarios para colocar la pesada lápida en su sitio serían demasiado violentas cómo para ser contempladas por los familiares.
Me pregunto qué clase de experiencia es necesaria para desempeñar el noble oficio de sepulturero.


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Bueno, espero no demorar tanto mis aportaciones de ahora en adelante, y también espero que gane el McCain ésta noche.

¿Qué? No, no soy republicano, pero me gusta el ketchup y las patatas fritas, y además, estoy hasta los webs de que todo el mundo apoye al Obama.... ¡hasta el Chávez!

 

Un día de perros

Recién llegado de París uno debería estar de buen humor. Terminé satisfactoriamente el trabajo, visité Notre Damme, la Torre Eiffel, compré un par de óleos para el pasillo en un puestecito al lado del Sena... todo perfecto. O casi.

Como persona más o menos responsable que creo que soy, tengo el detalle de pasarme por el Parque de Exposiciones para verificar que todo está en orden, si hay algún problema, e incluso me quedo a echarles una mano para colocar un par de remates un poco más complicados. Me miro el reloj. Falta más de hora y media para la salida. No hay problema, el Charles de Gaulle está en la parada siguiente. Hago unas últimas fotos, estrecho manos, reparto besos y hasta el próximo Stand.

Son curiosos éstos franceses. La taquilla está cerrada, las máquinas expendedoras solo aceptan monedas, y en el aeropuerto necesitas el billete para abrir las puertas hidráulicas que te dan acceso desde la parada del cercanías. Forzándolas entre dos personas, se pueden abrir, pero allí hay mucha vigilancia, mejor esperamos a la taquillera... ¡sobra tiempo!

Después de diez minutos me canso de esperar y animo a mi compañero de trabajo:
-Vamos. Nos saltamos el torniquete, que ésta tía se habrá ido a comer.

Una vez en el andén saco el manojo de folios que corresponde a las reservas on-line que el cliente me ha facilitado. Hay que comprobar en qué terminal y hasta qué hora se pueden sacar las tarjetas de embarque. Aún nos sobra tiempo, pero hay que revisarlo todo.
No deja de sorprenderme cómo complican las cosas las agencias. La información que se necesita cabe perfectamente en una cuartilla, pero ellos se las ingenian para meterla en cuatro folios...
-¡¡¡Joder!!!  -todos los gabachos que esperan con nosotros en el andén, me miran acojonados-  ¡Que el avión sale del otro aeropuerto!

Algo tenía que salir mal. Hizo frío y llovió, pero con eso contaba, ya había visto el parte meteorológico. Con lo que no contaba era con la peculiaridad aeroportuaria parisina. Sabía que París dispone de dos aeropuertos, también sabía que los separan más de 40 kilómetros, sabía también que el ideal para éste trabajo era el Charles de Gaulle, ya que se encuentra a una parada de RER (una especie de tren de cercanías) de dónde nos tocaba trabajar. Pero lo que no esperaba era que desembarcaría en un aeropuerto, y me tocaría regresar desde el otro. Las reservas se hicieron por la misma agencia y al mismo tiempo, los vuelos eran de la misma compañía, y estaban al mismo nombre.

Si me hubiera ocupado yo de los billetes, ahora no estaría intentando convencer a un taxista francés de que nos acercara al aeropuerto de Orly en menos de cincuenta minutos.
Las situaciones límite sacan lo mejor de tí. No se ni una palabra de francés, pero ahí estaba yo, hablando cordialmente con un taxista francés, que no sabía español, ¡y nos entendíamos!
-¿How tiempé en... in... llegué to Orly Aeropuerté?
-One hour...  -girando la mano, con los dedos semiextendidos-   peut-être moins...
-¡Better moins! ¿Ok?
El taxista asiente con la cabeza.

Mientras nos encaminábamos en el asiento de atrás de un Mercedes clase C, a toda hostia por las circunvalaciones parisinas, recapacitaba sobre el tema. Estaba todo calculado. El tren que teníamos que coger en Madrid, sale setenta minutos después de que el avión llegue a Barajas, pero Atocha está a veinte minutos en taxi, con lo cual, si éste tipo nos lleva a Orly en cincuenta minutos sin estamparse contra ese camión, todo saldrá según lo planeado. A saber lo que me cobre, pero imagino que será más económico que dos nuevas reservas de avión, o peor aún, dos nuevas reservas, una habitación doble, y dos cenas en la capital francesa. Lo que tenía claro era que podía olvidarme del cercanías y del metro. Desde el centro de París hasta el "de Gaulle" se tarda una hora, a veces más. Y luego hay que llegar hasta la parte sur, con transbordos y demás complicaciones. Con lo que me cabrea encontrarme en la carretera, taxis que circulan a toda velocidad cambiando caprichosamente carril, y estoy subido en uno que se lleva la matrícula de honor en el tema.
Es curioso, si chapurreo inglés a la vez que termino algunas palabras con una "e" acentuada, los franceses me entienden... ahora necesito un truco para entenderlos a ellos.

El taxista cumplió. Cuarenta y un minutos. Nos sobraron diez. Fue una lástima que el avión saliera con veinte minutos de retraso, y que un guardia de seguridad más negro que el sobaco de un grillo, me cacheara de arriba a abajo en el control de equipajes, para comprobar que lo único metálico que llevaba era el botón de los vaqueros. Bueno, eso es algo anecdótico, lo importante es que no hemos perdido el avión gracias a mi dominio de los idiomas y a la pericia del taxista gabacho.

 


El año pasado, el vuelo también salió tarde, pero el piloto "tomó un atajo" y llegamos a Madrid a la hora programada.
Me temo que éste piloto no es tan atrevido. No están las compañías aéreas para muchas tonterías. Lástima. Nos tocará correr nuevamente en Barajas. A galopar a toda leche por la terminal, tirando del trolley, bajando las escaleras mecánicas de dos en dos, molestando a todo quisqui. Con lo que me fastidia cuando algún prisillas me adelanta en las escaleras mecánicas, empujándome sobre la barandilla de goma con su maletón...
A la parada de taxis.
-¿How tiempé en... in... llegué to Atocha estacioné?
-¿¡Ein...!?
-Huy, perdone... -que éste no es francés- a Atocha, ¿llegamos para cojer un tren a las seis y media?
-Creo que sí, a ver qué tal el tráfico.
Los taxistas madrileños son más auténticos. Además de ir deprisa y cambiar de carril caprichosamente, tocan el claxon a cada momento. Con lo que me jode encontrarme alguno así en la M-30. Al menos éste habla de lo puñeteros que son los retrasos aéreos, y encima comprendo casi todas sus palabras.

Seis y veinte. Una vez más, un taxista me ha salvado el cuello. A comprar los billetes. Un mostrador vacío. ¡Maldita sea!, la ventanilla para los trenes que salen hoy es la de al lado, que tiene como quince metros de gente haciendo cola. No hay problema, subo al tren sin billete, y le pago al revisor. Nos vamos los dos para la planta de arriba, utilizando las rampas mecánicas, pasando nuestas maletas sobre los pies de todo el mundo, y empujándolos sobre las barandillas de goma...
-¡Cabrón!
-Disculpe.... ¡llevo prisaaaaa!
Mi compañero va después de mí, y se lleva insultos por partida doble. Hay que comprender a esa gente que nos grita. Otras veces, esa gente era yo.
Llegamos a la entrada del andén.
Una señorita nos pide los billetes. En Atocha te pasan la maleta por un escáner, como en los aeropuertos. Es una de las medidas adoptadas a raiz de lo del 11-M. Le explico que no tenemos billetes, que hay una cola inmensa y que no he podido sacarlos, que le pagaré al revisor.
-Lo siento  -me dice-, sin billetes no os puedo dejar pasar.

Bajamos nuevamente con los maletones por las cintas mecánicas, hay que hacer cola para comprar billetes para el próximo tren. El siguiente sale a las 20:55, con lo que nos plantamos a las once en casa, pero hay uno de alta velocidad que me deja en Ciudad Real a las 20:08. Cojeremos ese. Que venga alguien a recogernos, Ciudad Real sólo está a media hora de casa.

Las siete menos diez, y la cola no avanza. La tía que atiende en el mostrador es más lenta que el caballo del malo y las devoluciones de hacienda juntos.
Encima se levanta y se larga. ¿Irá a hacer pipí? Por la cara de estreñida que tiene me temo que irá a lo otro. O a ponerse un enema.
No entiendo como RENFE no pone más ventanillas para trenes sin reserva. Las tres colas que hay son kilométricas y ninguna de ellas avanza.
Me apetece un pitillo... no he fumado desde hace cinco horas. Tengo que echarme un cigarrillo. Cuando ésta zorra asquerosa me de los jodidos billetes del puto AVE, me fumaré un lucky en tres caladas. Eso sí, antes de irme del mostrador, le diré claramente lo incompetente que es, y que ójala y se le pudra el culo de moverlo tan despacio.
Ya... ya me toca a mí.
-Dos billetes para el AVE de Ciudad Real de las 19:15.
-Tendrás que correr, son las 19:10.
-¡Dámelos!
  -¡putón!

Subimos nuevamente por las rampas mecánicas atropellando a la gente con las maletas y todo esas cosas tan divertidas que llevamos toda la tarde haciendo. Una vez arriba, la vigilante del andén comprueba nuestros billetes, nos escanea las maletas, y nos subimos al tren. Un segundo después, estamos en marcha.
Voy al vagón cafetería a tomar algo, no he comido nada desde que desayuné. Mierda. Parece la hora feliz. El restaurante del tren parece un jodido discobar en sábado por la noche. Mejor me siento a leer.

Llegamos a nuestro destino. Saco un par de refrescos de una máquina. Como prometí, Me fumo un pitillo en tres caladas,. Mi hermano nos recoge justo después. Llego a casa a las nueve de la noche. Justo para terminar de bañar a mi bebé. Mi mujer me sonrie.
-Ya está bien ¿no? ¡qué bien vives!... El año que viene me pillo unos días y me voy contigo.
-Vale, pero ésta vez nos llevamos el coche al aeropuerto. Conducir me cansa menos.

Todavía no se me ha pasado el mosqueo. Es alucinante la de dificultades que puedes ir superando, para que todo se vaya a la mierda por una panda de inútiles. Porque aún no tengo claro si la culpable de perder el primer tren fué la chica del mostrador, la falta de organización en la estación, o los severos sistemas de seguridad.

Bueno, de todas formas no se ha dado tan mal...

 

Las maravillas de la televisión digital

 

Vaya mierda de programación televisiva, especialmente en verano. Normalmente no solía darle importancia, claro que, normalmente no solía pasar muchos sábados por la noche en casa y, normalmente tampoco solía madrugar los domingos y sentarme en el salón para hacer compañía a mi bebé.

Ahora empiezo a darme cuenta de que una catástrofe aérea es la excusa perfecta para que los miembros de Protección Civil tengan sus minutos de gloria en el programa del corazón del sábado por la noche (desconozco el nombre), y que la ética periodística acabará con los escrúpulos de muchos.
Lo sé, lo hacen por nuestro bien, para que perdamos el miedo a volar y pongamos éstos desastres a la altura de cualquier accidente de coche. No hay nada de morbo o inmoralidad en nuestros profesionales televisivos cuando preguntan sobre cualquier escabroso detalle, e incitan a personas que no tienen ni idea sobre el tema, a que expresen acaloradamente sus precipitadas conclusiones. Es más, incluso las tienen en cuenta y debaten sobre ellas para que, sin duda, les sirva de alivio al resto de familias, incluídas obviamente, las de la tripulación.

Si te consideras suficientemente empachado informado sobre el tema, como fué mi caso, no hay problema, tienes alrededor de veinte canales más a tu disposición... ¡bendito TDT!

No hay más que echar mano de uno de los mandos a distancia (porque ahora todos tenemos rodando por la mesita de centro, al menos tres), comienzas a pulsar el botón de subir de canal compulsivamente, para comprobar que, la programación era mucho mejor cuando sólo teníamos TVE y la "Uhachefe". Al menos no se tiraban quince minutos metiendo anuncios y el sábado por la noche te ponían una peli con menos de diez años de antiguedad, que comenzaba a las diez, y acababa más o menos a las doce, dependiendo de su duración.

Ahora te ponen una de Star Wars, pero en el primer intermedio te aburres de esperar y empiezas a hacer zapping: concursos chorra a los que ¿¡nadie!? llama; repetición de los capítulos repetidos de los Simpsons; repetición de las retransmisiones deportivas; series infantiles con anuncios; repetición de teleseries, también con anuncios... y llegamos a la piedra angular de la increible programación digital: ¡la Teletienda!

No me extraña que hayas canales dedicados las 24 horas del día a éste menester. Los mejores actores del planeta se reunen en un pequeño plató para vendernos los más excitantes y prácticos artículos jamás inventados.

Es admirable la dedicación que muestran para que nos pongamos en forma con un artilugio vibrador, que acabará destrozándote los ligamentos y prácticamente todas las articulaciones, por 500 €uros de nada... y si de vibrar hablamos, no se olvide de la faja vibradora "Vibromax", con la que podrá tomar café tranquilamente mientras quema grasas, eso sí, si tiene buen pulso.

Por el contrario, si no nos gusta nada el tema de la vibración, con el cinturón "Sauna Belt", quemaremos grasas de forma localizada, a la vez que nos provocamos quemaduras de distinto grado, gracias a su regulador electrónico de temperatura.

No debemos pasar por alto las bondades de los aparatos de gimnasia pasiva, pues colocándonos los electrodos por el cuerpo de forma estratégica, nuestros fofos y débiles brazos pueden evolucionar hasta niveles que sonrojarían al mismísimo Schwarzenegger... Con las descargas eléctricas adecuadas, podremos desarrolar músculos hasta en las pestañas.

Si la electrónica no le acaba de convencer a la hora de perder peso, no se preocupe, comprando una "Faja Slim" a un precio increible, le regalamos otra, para que pueda lavar la primera cuando ésta huela a sudor de choto campestre.

¿Le aburre hacer abdominales? ¿No consigue resultados y sus amigos le dicen que debería dejar de comer dos kilos de panceta al día? ¡No hay problema! En la teletienda existen gran variedad de artículos de los que se podrá ir aburriendo gradualmente y que irán abarrotando ese inútil trastero que compró con su piso. ¡Y lo mejor de todo!, podrá atacar agresivamente sus abdominales y obliquos laterales de una forma más chula si combina distintos elementos. Haga ejercicio enfundado en su "faja Slim", con la "Sauna Belt" en la barriga cervecera y la "Vibromax" en la chepa y unos cuantos parches eléctricos colocados en las ingles y el trasero. ¡Verá que divertido...! sobre todo para los que tengan el placer de contemplarle...

También podemos olvidarnos de comprar rollos y rollos de papel Albal y film transparante, si nos hacemos con unos sorprendentes aros-ventosa que sellan con una fuerza asombrosa cualquier olla o sartén.... ¡también nos sirven para envolver bocadillos! Basta con guardar éstos en el recipiente adecuado y tu hijo podrá llevarse la comidad para todo el viaje de fin de curso en tu batería de cocina, con la tranquilidad de que aguantarán totalmente frescos más de una semana...

Es alucinante el entusiasmo que demuestra toda ésta gente hablando de sus productos, aunque lo que de verdad me encanta, son los comentarios del ayudante de turno:
-¡Oh, Mike!, ¡no se cómo he podido estar tanto tiempo sin éste trasto inútil...!
-Dios mío Larry, esto vibra con una fuerza asombrosa ¿y dices que lo puedo usar bajo la ropa en cualquier parte del cuerpo?

Esos son anuncios... de hecho, el de la crema "baba de caracol" queda a la altura del betún. ¿Cómo se puede llamar a un producto que se unta por la cara "baba de caracol"?
Todos sabemos que la mierda sirve de abono, pero nadie la ofrece como "mierda de vaca", o "cagada de gallina". Se venden como "estiércol", "gallinácea", o "palomina" en el caso del excremento de paloma. Y eso que éstos artículos no se utilizan como productos cosméticos, al menos por ahora.
Creo que deberían haberle puesto un nombre más sofisticado, del tipo "crema Q-35, con esencia de Crymptophalus", que mira que buen resultado han dado las isofablonas, l-casei immunitas, nanosferas, tonalín, lactobacillus, thermolactil...
Por cierto, ¿cómo extraen la baba de los caracoles? ¿los ordeñan? ¿les pasan un minúsculo papel secante por la lengua? ¿les ponen delante fotos de atractivas caracolas extraidas del "Play-caracol"?
Y desde luego falta dinamismo en los spots. Se echa de menos la entusiasta voz de la modelo-ayudante de turno, comentando que nota como se va regenerando su piel, y que siente un increible cosquilleo, como si cientos de caracoles le estuvieran masajeando las patas de gallo...

 

 

 

El iSuck, para Windows y Mac

El mundo de los "gadgets" para bebé es extenso y nutrido, a la vez que curioso y singular.

Por eso, cuando por casualidad descubrí ésta maravilla:

Empecé a navegar desesperadamente en busca de más información sobre este increible artilugio. Aparentemente es un "chupete-iPod" y dado que mi nena demuestra una sorprendente curiosidad por la música clásica (Fofito, Parchís, Rosa León...), pero también rechaza por sistema cualquier chupete, pensé que valía la pena localizar el artilugio para probar su eficiencia.
Con un poco de suerte, nos libraríamos de escuchar un día sí y otro también "en el auto de papá", o "el brujito de gulubú", a la vez que aficionamos a nuestra hija a hacer uso del chupete en lugar de comerse su vestido, mi camiseta o el primer trapo que encuentre.
Vale, hay quien opina que los chupetes son perjudiciales para un bebé en época de lactancia, pero personalmente creo que es aún peor pasarse todo el día con un trozo de algodón en la boca.

Mi gozo en un pozo. La red de redes es cruel y me temo que el "iSuck" es en realidad un montaje de photoshop porque después de hacer mil búsquedas con el google, lo único que he encontrado con nombre similar es:

Obviamente no es lo más adecuado para una cría de tres meses. Me temo que ni siquiera sería de utilidad para ninguna fémina, sea cual sea su edad. Para hacer más completo el post incluyo la web, aunque si no me equivoco, el artilugio aún no está a la venta. Pero vamos, sólo es cuestión de tiempo, y si no, ya lo veréis.

http://www.arkhamfilms.com/isuck.html

 

 

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Quedar por encima...

Qué abandonado tengo ésto...
Será por la desaceleración económica, por el trabajo, por la ola de calor...
Sí, que no bajamos de los 30 grados por la noche, y durante el día llegamos a los 44. Ya, lo sé... tampoco es para tanto ¿no?
LLevo oyendo eso mismo toda la semana.
-¿Qué temperatura hay en la calle?
-42 a la sombra...
-¡Bah! Yo he estado trabajando con más de 45. Y al sol ¿eh?

Nos gusta ser protagonistas en todo. Si tu pasas calor, yo paso más aún. Si tu hija nace con tres kilos cuatrocientos, la mía con cuatro kilos. Si en invierno cae una nevada, en mi pueblo calleron dos...

Lo cierto es que hace calor en Ciudad Real, mucho además. No me sirve de consuelo saber que en el desierto de Almería las ranas llevan cantimplora, o que si meas en la plaza de España en Sevilla, no llega a formarse charco en el suelo, o que en tiempos de Franco se araba a mano y se bebía agua del botijo...
No llevo bien lo del calor, me quema mucho, aunque no esté al sol. En invierno, con ponerte otra camiseta o una bufanda, ya está todo arreglado. Pero en verano la cosa está más jodida.

Pero volvamos a la gente.
Muchas veces me tengo que morder la lengua cuando hablo con determinadas personas, los típicos listillos que tienen más anécdotas que nadie, pero sólo las recuerdan cuando quieren superar la tuya. Ese tipo de personas, que al tener una escasa vida social, y carecer por ello de una conversación amena e interesante, se limitan a hablar de cualquier tontería sin tener ni pajolera idea.

Con el tema meteorológico siempre me viene a la cabeza las conversaciones que tengo con algunos conocidos del pueblo de mi familia política. Se empeñan en convencerme de que hace mucho más calor en la provincia de Jaén que en la mía.
-No se puede andar por la calle con ésta temperatura, con lo bien que se tiene que estar en la Mancha ahora ¿eh?
-No creas... hace bochorno allí también.
-¡Nooooooooo...! Allí hay 7 ú 8 grados menos.
-No, de verdad.
-Tu no sabes el calor que hace aquí...
-Hombre, aquí estoy. Ayer hacía más o menos igual en mi pueblo.
-¡Huy!, pero es que ayer aquí no se podía ni andar... ¡mucho peor que hoy!
-¡¡¿¿??!! Aaaaah, bueno...
Que eso se lo diga un Malagueño a un gallego tiene su lógica, pero vamos, en provincias de interior y limítrofes, como que no.

 


Pero vamos, eso ocurre con cualquier tema, siempre que te encuentres con la persona adecuada, española a ser posible. Tienen réplica para cualquier asunto, por cotidiano que sea. Basta con comentar que tu coche gasta mucho combustible y enseguida:
-¡Puf!, de aquí a Madrid tengo que parar a llenar el depósito del mío en Ocaña, a llenarlo ¿eh?, que si le echo medio, no llego.

Que tu niña arma mucho jaleo cuando tiene hambre:
-Porque no has oído a la mía, hay que ponerse tapones en los oídos.

Que lo pasas mal viajando en avión:
-Yo tengo que tomarme cuatro valiums y dos coñacs para tranquilizarme.
-Y el tiempo de espera para facturar el equipaje, la última vez, casi tres horas para un viaje de dos.
-Cuando yo fuí a Barcelona, me tuvieron cuatro horas, oye.
-¿En un vuelo nacional? Vendría retrasado.
-No, normas de la copañía.
-¿Qué compañía es?
-Una de esas que ha quebrado.

Que los zapatos te hacen daño:
-Yo tengo unos, que me dejan los dedos llenos de ampollas.
-Lo peor es que los míos son Martinelli, 150 € me gasté en ellos para mi boda y me los he puesto tres veces por lo mal que lo paso cuando los llevo cuatro o cinco horas.
-Los míos también son italianos -no especifica marcas porque sólo conoce las deportivas Reebok-, más caros, y en mi boda también me hicieron daño, ¡pero más!

 

A veces me da la impresión de que son tontos, o sufridores profesionales... si te das cuenta que elegiste mal el calzado, ellos tienen que demostrarte que son aún más gilipollas en ese sentido. En fín, como se dice por aquí, hay gente pa’tó.

De todas formas, está claro que hay que armarse de paciencia para mantener una conversación con gente así, porque para colmo, suelen ser familiares, clientes, o amigos de Pepe, con quien no te interesa llevarte mal. Suelen frecuentar las fiestas populares, las BBC (bodas, bautizos y comuniones) y demás actos multitudinarios, de manera que es complicado escapar de ellos. Luego, para colmo, llega Pepe y te dice:
-Joer, que paciencia tienes con mi primo. Siempre tiene que quedar encima ¿eh?
-No creas, mi amigo Juan es todavía peor que él, si se pone burro...


(Mi hija bien, por cierto. Monta unas escandaleras cuando tiene hambre que... )

Ya está bien de tocarse los...

 

 

Tendré que buscarme una maquinita de esas, que detienen el tiempo, para no abandonar durante tanto tiempo el blog... porque lo de ser padre y autónomo en verano, es agotador.

A la madre le viene bien, que es lo principal (paseos, piscinita...), pero a mí me falta tiempo para rascarme los huevos. Y un hombre que no se rasca sus partes, no es hombre.

Es la primera vez que veo una Eurocopa con un bebé tumbado sobre mis rodillas, y aunque el resultado final ha merecido la pena (¡campeoooooneeees!), tiene sus inconvenientes: los bebés lloran, hacen gestitos, se mueven, etc.

Básicamente requieren un poco de atención, o más bien mucha.

 

 

Y es que es curioso lo de los niños. Todo el mundo dice que "no traen manual de instrucciones", no obstante, cuando relato emocionado (todavía se me saltan las lágrimas recordándolo), que a los pocos minutos de nacer, se puso a comer instintivamente del pecho de su extenuada madre me sueltan aquello de "la Naturaleza es sabia"...

 

Joer... pues tan sabia no será, porque muchas veces la niña se pone borde, y no hay manera de saber lo que le pasa. Vale, comprendo que no van a nacer con la verborrea de Mr. Deditos, pero teniendo en cuenta que mi hija se mueve más que la compresa de una coja, podía ser un poco más expresiva cuando tenga alguna necesidad...

No sé... así en plan "el juego de las películas".  Que intente mostrarnos con gestos si tiene hambre, calor, si se hace caca o está molesta por los gases. Que sienta un poquito de compasión por sus padres, que al fin y al cabo somos novatos.

O la mímica no es lo suyo, o nos está tomando el pelo descaradamente... aunque pensándolo mejor, que nos tome el pelo, no soy muy aficionado a los mimos.

Mismamente la semana pasada, estaba disfrutando del partido contra Rusia tumbado en el sofá, con las rodillas dobladas a 45º para acomodar la espalda de mi niña sobre ellas (le encanta tumbarse así), cuando empezó a retorcerse y a arquear la espalda mientras agitaba los bracitos cual Massiel harta de rebujito (mira, un pareado).

Es complicado estar pendiente a la vez, de la goleada a Rusia y de los aspavientos de un bebé, pero lo conseguí, al menos hasta que se tranquilizó (mi Inma, la "roja" seguía a lo suyo), y una vez quieta, comencé a sentir un exceso de humedad en los bajos...

- Cómo suda ésta niña, ¡vive el partido con más emoción que yo! -  me dije.

¡Y tanto...! Todos esos nerviosos aspavientos que ejecutaba al más puro estilo break-dancer no eran por el partido (con la ilusión que me hacía), eran porque se estaba cagando generosa y literalmente en su padre.

Menos mal que no estaba mi suegra delante, porque seguro que me habría dicho aquello de que no sabemos poner pañales.

Lo cierto es que, oficialmente no sé ponerlos, al menos para ella. Lo de cambiar pañales lo dejo como Aznar el hablar en catalán, para la intimidad. Cuando mi mamá política está de visita, ese privilegio se lo reservo a ella, porque de todas formas seguirá pensando que no lo sé hacer bien...

 

Las suegras piensan que sus yernos sólo saben rascarse los huevos, y en cierto modo las comprendo. Sienten envidia. Lo primero que hace una suegra por la mañana es frotarse los ojos, ¿por qué? ¡Porque no puede rascarse los huevos! Cuando una suegra no puede dormir, no puede rascarse los huevos para calmarse y se pasa la noche en vela. No hay nada más placentero que tumbarse en el sofá con una cerveza fresquita en una mano mientras con la otra...

 

Somos una raza superior: habrá mujeres más inteligentes, más trabajadoras, más emprendedoras, pero nunca alcanzarán la plena satisfacción que provoca el poder rascarse ahí. El escalón más alto que una mujer puede alcanzar en la vida es cuando sus hijas se casan y pueden estudiar el comportamiento de sus yernos, y enriquecer su experiencia personal contrastando el comportamiento cotidiano de humanos de diferentes procedencias.

Lo de las rascaditas llevan años contemplándolo en sus maridos, pero hasta que no descubren que va implícito en la condición sexual, no comprenden lo lejos que están de la realización extrema del individuo.

 

Einstein estaba sobándose los cataplines cuando dedujo la la Teoría de la Relatividad.

Miguel Ángel se tiró cuatro años pintando la Capilla Sixtina, y cuando Julio II lo veía rascándose los mismísimos sabía que el resultado sería único.

¿Alguien podría decirme qué es lo que hacía Newton debajo de un árbol cuando cayó la manzana y formuló la Ley de la Gravedad?

No hay que ser muy listo para saber qué hacía Sócrates cuando dijo aquello de "sólo sé, que no se nada"...Por lo menos una de las manos la tendría ocupada, ¡seguro!

Algunos pensarán que los homosexuales son superdotados al tener más desarrollado el "lado femenino", pero difiero completamente: un gay que se sobe los cojones con propiedad, nunca dispondrá del instinto y las dotes de observación de una suegra, y el que llegue a tener la capacidad suegril necesaria, me temo que habrá perdido por completo la masculinidad necesaria para rascárselos con descaro... ¡eso es una ordinariez!

 

 

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Teleoperadores

Teleoperadores

Es inaudito, no me lo puedo creer. Hay gente suelta por ahí, que demuestra tener poco seso, o que hace poco uso de él. Hace un par de minutos que he colgado el teléfono a una simpática señorita que me ofrecía cambiarme de operador de telefonía. Dicho así, no tiene nada de extraordinario, pero si además añado que es la cuarta vez que lo intenta en dos minutos, la cosa cambia.

-Oye, perdona... ¿tu cerebro te funciona lo suficiente para mantenerte en pie? ¿o es una broma de la radio? ¡Me acabas de llamar tres veces para ofrecerme lo mismo!

-Verá señor, es que como usted tiene tantas líneas...

-¿Tantas líneas? ¿Has bebido? ¡Solo tengo una!

Normalmente no soy tan borde al teléfono, aunque reconozco que no me siento muy cómodo al auricular, y en el del trabajo suelo desahogar la mala leche que llevo dentro. Lo sé, puede parecer injusto, pero en éste país, con sólo aparecer en la guía de empresas, te ganas el derecho a tener que soportar a una panda de imbéciles que intentan venderte de todo, con ofertas espectaculares difícilmente demostrables.

En un par de ocasiones, he intentado convencerles de que no haría nada sin un contrato personal, con todos los pros y contras, letra pequeña, mediana y grande, que yo pudiera leer tranquilamente en casa:

-Pero ésta es una oferta telefónica puntual...

-¡Entonces no la quiero!

 

Mi "preferido" es un tipo que me llama desde una empresa que se dedica a asesorar a sus clientes para adquirir opciones de compra de valores en bolsa, cobrando un generoso porcentaje de los beneficios. Básicamente invierte en bolsa con tu dinero. Si ganas, el cobra; y si pierdes, no. Aunque teniendo en cuenta el poco riesgo que asumen, lo ideal sería tener la opción pagarle con una somanta de hostias.

El error que tuve con Antonio (así se hace llamar) fué ser amable con él la primera vez, hará cinco o seis años. El tío escupe palabras atropelladamente, como una ametralladora cargada con artículos de los suplementos de economía que vienen con el periódico del domingo, de tal manera, que no encuentras la forma de cortarlo. Para colmo, utiliza un tono desmesuradamente agresivo y de fondo siempre se oye un escándalo bursátil, que será sin duda, un ejército de teleoperadores dando el coñazo a los pringaos de turno como yo.

He probado de todo con[tra] él:

Intentar hacerle entender que no estaba interesado; hacerle saber que no hago éste tipo de operaciones por teléfono con desconocidos; decirle que no, no y mil veces no; aquello de colocar el teléfono al lado del altavoz del PC mientras suena algún "Caribe Mix" durante diez minutos (de veras lo hice, no es coña, y cuando cogí el auricular para colgar ¡el tío seguía esperando!); intentar convencerlo de que estábamos perdiendo el tiempo los dos... En cierta ocasión viendo que el tal Antonio hacía caso omiso de mis intentos por cortarle, pasé el teléfono a un proveedor cordobés al que le estaba dictando un pedido, y con el que tengo una buena amistad, y aunque no sirvió de nada, al menos me reí un poco:

-¡Quiyoooo!, tu hablas mu’ssseguío... afloja un poco que no me’ntero de náaa...

Pero incluso después de aquello, el indomable Antonio esperaba pacientemente al otro lado, con la lengua cargada de razones para poner mis escasos ahorros en sus manos.

A veces le he colgado directamente el teléfono e inmediatamente me volvía a llamar dándome a entender que era un problema de la línea.

-No tío, te he colgado yo porque me aburres...

-Por favor Don Cetor, está perdiendo una ocasión única para ganar mucho dinero en unas semanas...

He llegado a insultarle, pero el jodío sigue a lo suyo, o como mucho deja de llamarme durante unos meses. Pasado ese tiempo, lo vuelve a intentar partiendo desde cero, como si nunca me hubiera llamado.

Increíble. Es sorprendente lo pesada que puede ser ésta gente. Últimamente me los quito de encima advirtiéndoles de que me siento acosado y que voy a proceder a denunciarlos, pero mucho me temo que servirá sólo para apaciguarlos temporalmente. Son implacables. Seguro que vuelven a la carga en unos días.

Lo que realmente me impresiona es la firme voluntad que poseen. Nunca he accedido a ofertas telefónicas, y aún así, ellos insisten. No pueden ser personas [racionales], me resisto a creer que haya gente tan imbécil, que sea capaz de vestirse y llegar a su lugar de trabajo. No por el hecho de intentarlo - cada uno se gana el sueldo como puede - sino por el hecho de insistir reiteradamente con alguien que ha demostrado en innumerables ocasiones, de forma clara y grosera, que se pueden meter sus maravillosas ofertas por su peluda y hemorróica raja del culo.

En varias ocasiones se me ha pasado por la cabeza que no podía ser verdad, que eso era una broma telefónica de la radio, algo así:

ABRIR EN UNA NUEVA PESTAÑA PARA ESCUCHAR

Pero nunca aparece el locutor de turno para tranquilizarme, y decirme que todo era una broma que me gastaban mis amigos. La verdad era mucho más cruel: existe vida no inteligente en algunas oficinas.

Como decía cierto anuncio de bebidas isotónicas "el hombre es un ser extraordinario"... extraordinariamente tonto, en ciertas ocasiones.

Hace unos días lo comentaba con los amigos de "El Silo". Dos días después de tener instalada la barra para minusválidos en los aseos (homologada para 150 kilos), apareció completamente doblada. La primera imagen que se me vino a la mente, fué la de un minusválido inmenso, desparramado por el suelo de los servicios de caballeros, con los pantalones bajados, haciendo esfuerzos sobrehumanos por encaramarse de nuevo a su silla de titanio reforzado, fabricada especialmente para él con ruedas de tractor. Nada más lejos de la realidad, nadie con silla de ruedas ha pisado el bar aún.

Algún [cabrón] pirado se había entretenido en forzarla hasta romperla. Teniendo en cuenta la resistencia demostrada del artilugio, debió ser alguien similar al increible Hulk. Le preguntamos al camarero si algún tipo con pantalones ajustados y deshilachados en plan pijo ochentero, descamisado, descalzo y con la piel color verde, había entrado diciendo "¡Hulk quierrre una cañaaaa!", pero nos contestó que había habido mucha gente y que no estaba seguro. Desde luego hay que tener un buen porcentaje de minusvalía para hacer esas cosas, pero minusvalía mental, me temo.

Hay gran variedad de casos que me recuerdan el coeficiente intelectual de los teleoperadores cansinos: el niñato que circula a toda hostia en una calle en dirección prohibida con su escandalosa moto mierdi-trucada llevando el casco colgado del brazo, que te mira con desprecio por cruzarte en su camino; el que cruza la calzada a pié, por cualquier sitio, tranquilamente, sin mirar si viene nadie, siguiendo una trayectoria diagonal y dando la espalda al tráfico, y que para colmo se te encara con aspavientos y palabras groseras si le llamas la atención con el claxon; el profesor de autoescuela que pone a un conductor novel a aparcar en una calle principal en hora punta...

…no obstante en esos casos debes salir a la calle para encontrártelos, pero lo de que te llamen al curro una y otra vez para darte la vara no deja de ser engorroso: para venderte asesoramiento bursátil; telefonía móvil y fija; banda ancha de internet; para comprobar los datos personales y ¿¿¡bancarios!?? por un espacio publicitario que nunca has contratado en la revista de Bomberos, Guardia Civil, Hacienda, Guías Amarillas (ojo, “guías amarillas”, no “páginas”), Guía Empresarial,… ¿es que no llevan un listado para ir tachando a las víctimas que no pican? Imagino que albergan una mínima esperanza de pillarnos en un momento de flaqueza… yo, por ahora, los utilizo para desahogar el estrés a base de contestaciones bordes y putaditas diversas ¿serán un servicio público financiado por el gobierno?

Claro, el problema viene cuando no tienes tiempo para divertirte tocándoles los cojones a ellos…. ¡siempre me queda la opción de utilizar el Caribe Mix!

 

 

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